Bogotá: Como se compara a una extranjera

Sofie Sommer Lang re-conoce la capital colombiana más allá de los muros coloniales pintados de rosa y azul, ciudad que se ha vuelto su hogar a pesar de ser temporal. Ella nos muestra las tantas diferencias entre barrios y lo peculiares que ellos pueden ser; pero tambien, ella espera que sus relaciones urbanas traciendan el virus.


Foto por Sofie Sommer Lang


Ayer, cuando iba a casa, regresando del supermercado, un hombre susurro, "los extranjeros traen el virus”. El nombre del hombre es Jorge, el vende libros el la escenica parte colonial de la metropolis colombiana; coloca sus libros sobre una manta en la banqueta en La Candelaria. Desde hace ya dos meses, camino diario junto al puesto de Jorge. He vivido aquí como estudiante de intercambio, lo saludo, pero (y con mucha verguenza) nunca le he comprado un libro.


No voy a mentir, suu comentario realmente me sorprendió: Durante dos meses he intentado volverme parte de la vida cotidiana, del ruido, de la contaminación, de lo amigable, de lo pobre, de lo caótico, de lo feo, de lo rico, de lo cultural, de este laberinto que es Bogotá. Claro, no como colombiana, soy muy conciente de que no lo soy, pero al menos como no como una extranjera. No completamente, no como una extrangera contagiosa.


De algún modo, Jorge tenía razón: Muchos de los casos – al día 93 – de COVID-19 en colombia fueron 'importados'. Quiero decir, que muchos de los contagiados venian en aviones con extrangeros enfermos. Donde el número de infectados es alto, es mi país de origen, Dinamarca. Tienen 1000 casos y esos son muchos, especialmente para un pais de tan solo 5.5 millones de habitantes. Pero la infraestructura de sanidad y salud está bien desarrollada y es muy fuerte. Y aunque Colombia es un pais más estable de lo que solía ser hace unos años, es un pais de esos que pertenecen al 'Sur Global'; o sea, con economia debil, con poca infraestructura social y de sanidad. Al menos menor que en Dinamarca. Un escenario de 1000 infectados en Colombia, se vería muy diferente.


Foto por Sofie Sommer Lang


Y aunque nosotros, los extranjeros y los colombianos con la posibilidad de viajar somos los que llevamos el virus al país, no somos los que más sufriríamos de una infección. Yo, por ejemplo, tengo un seguro médico a través de mi universidad colombiana que daría acceso a un buen hospital en caso de que estuviera infectada (¡espero que no!), Y también mi compañera de piso colombiana, la mujer propietaria de la casa en la que vivo - y su hijo de 5 años. Estaríamos bien Pero a solo tres cuadras al este de nuestra casa, más arriba en una de las montañas que rodean la ciudad, en el vecindario de Egipto, la situación no es la misma. Nunca he ido ahí, porque me han dicho que no debes ir sola, y menos, como una niña danesa de ojos azules y tez blanca; Egipto es pobre y durante muchos años fue conocido como una de las partes más violentas de la ciudad. Y a pesar de que esta situación social podría estar cambiando lentamente, eso no significa que el acceso a una atención médica eficiente haya cambiado, o que la salud y el sistema inmunológico de los habitantes de Egipto, que viven vidas difíciles, hayan cambiado.


O, por ejemplo, imagine a Jorge, el librero en la calle, en caso de que estuviera infectado. No creo que él estaría bien tampoco O, por ejemplo, imagina a Jorge, el librero en la calle, en caso de que estuviera infectado. No creo que a él le fuera bien tampoco.


La injusticia de la supervivencia es una injusticia constante, es decir, la supervivencia que depende del acceso a la atención médica o la alimentación o al agua, el acceso a los recursos básicos, es una injusticia global e histórica, no del todo particular en Colombia, que la Declaración de Derechos Humanos de 1948 trató de erradicar, pero hasta ahora no ha tenido éxito en el cambio. Espero que la pandemia nos haga, como comunidad global, volver a pensar la forma en que se construye el mundo; lo que es importante, lo que no es; Los desequilibrios sistémicos y las injusticias. La suerte de algunos países, la desgracia de otros.


Foto Sofie Sommer Lang


Pero esto, lo sé, es una esperanza poco realista, así que por ahora espero que las medidas del gobierno colombiano contra la propagación del Coronavirus funcionen de manera efectiva; que el cierre de las fronteras marítimas y terrestres, el toque de queda de ciudades seleccionadas, los controles del aeropuerto que hasta ahora han sido ineficientes y los cuatro días de 'cuarentena simulada' en Bogotá a partir de la medianoche de este viernes, espero que todas estas medidas derribará la propagación del virus.


Pero esto también podría ser una gran esperanza.


Así que principalmente, espero que Jorge y todos los colombianos superen esta crisis juntos. Y que aunque soy extranjera, estoy haciendo lo mejor que puedo, y eso es muy poco, como lo es para todos, para ayudarnos, siendo nosotros el colectivo de cuerpos humanos de Bogotá, Colombia y Sudamérica. y, en última instancia, el mundo, atraviesa lo más ileso posible.


Más modestamente, espero que mañana queden más cervezas en las tiendas, para que podamos celebrar nuestra fiesta de cuarentena en nuestra casa de estilo colonial rosa y azul este fin de semana. Para que no nos volvamos locos, 10 personas viviendo juntas. Y, por supuesto, espero volver a ver a Jorge cuando termine la cuarentena, para poder saludarlo y que me reconozca; y así, finalmente puedo comprar uno de sus libros.

Esta historia fue compartida por Sofie Sommer Lang, una estudiante de maestría danesa en Literatura Comparada, que actualmente vive en Bogotá, Colombia.

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