Madrid: Algunas reflexiones a partir del coronavirus

El confinamiento nos invita a reflexionar sobre nuestras ciudades y sociedades. En esta ocasión Marta, ciudadana y socióloga, nos comparte las enseñanzas que hasta ahora nos ha dejado el aún incierto futuro.


Fotografía tomada por Alfie Temple Stroud


Nunca he vivido esto, nunca imaginé que esto podría pasar. Una situación excepcional, y sobre todo , sin preparación, de un día a otro, brusca. Un día estas tomando un café por ahí, en el trabajo rodeado de gente o cenando en un restaurante con amigos y al día siguiente ya no puedes hacerlo y tienes que quedarte en tu casa. Paseas por la ciudad y parece como en agosto cunado la ciudad se queda vacía por el calor y las vacaciones pero ahora ni hace ese calor ni son vacaciones. Nunca había vivido esto…nunca había estado preparada para esto…nunca creí que esto pasaría…nunca lo imaginé.


Te encierras en casa, y la casa se hace como durante los domingos, una losa, algo pesado. Quieres salir pero no debes. No sabes qué quieres. Te planteas hacer un montón de cosas pendientes, actividades que te gustan, pero que ahora no tienen sentido. La gente manda muchísimos memes de la situación por el móvil. Gente que nunca mandaba nada ahora manda muchos. Y los hay buenísmos. La risa para aligerar, para hacer mas llevadera la situación, para reírse de la situación desde la reflexión, como acercamiento irónico a la solemnidad de la situación… o también para la desconexión, el alejamiento.


Y es que la vida se ha parado bruscamente. No hay un fluye lineal, la vida no sigue. Por un tiempo que no sabemos hasta cuando, la vida se ha parado. Es como si alguien nos hubiera confinado al rincón de pensar, para que pensemos en qué hacemos, qué queremos, dónde vamos, etc. Hay gente que sigue evadiéndose de esto y sigue haciendo cosas, se van a la playa, a tomar cañas, etc. a desconectar. Pero otros se quedan reflexionando, observando, parados, mirando, contemplando. Qué saldrá de aquí? Saldremos renovados?


Al mismo tiempo te das cuenta de cuántas cosas de tu vida cotidiana pasaban por el consumo y cómo puedes seguir viviendo sin consumir o al menos consumiendo muchísimo menos. Como es un acto compulsivo y cómo esta lleno de gestos sociales, sin sentido, puramente mecánicos, de costumbre, compulsivos, sociales.


Si sales a la compra, ves las calles vacías, sin gente, la gente no interacciona, todo el mundo es sospechoso de tener el coronavirus y por tanto te alejas, no hablas con casi nadie. Unos con mascarillas, otros con el cuello del abrigo cubriendo la nariz como cuando hace frio pero no hace frio. Si haces cola dejas una distancia superior a la que dejabas hace unas semanas por si acaso. Miras y observas, pero no hablas. No puedes quedar con tus amigos, ni hacer grupos. Cuando eran tan importantes...


Nadie hubiera diseñado un experimento sociológico de este calado ni con tanto éxito ni con tanta potencialidad. Parece como la película del show de Truman o como si se estuviera rodando una película en la ciudad. Un mundo que parece ficticio, un escenario, algo totalmente distinto a lo de antes. Un mundo parado, frenado, en el que podemos plantear nuevas cosas. Es como si nos hubiéramos quedado congelados de nuestra vida cotidiana y cuando salgamos y nos descongelemos algo puede cambiar.


Alguna enseñanzas que se me plantean de todo esto:

-la fuerza que tenemos cuando queremos, somos capaces de unirnos en pos de algo común. A nivel planetario incluso.


-que el mundo se ha hecho muy pequeñito de repente, más pequeño que lo era. China, Italia, etc. es esto, y el pueblo es la ciudad.


-que podemos ser presos del miedo e insolidarios y coger toda la parte de pastel que queramos sin importarnos el otro. Cómo la gente se lleva a sus casas provisiones sin pensar en el resto y en que son presas del pánico, resultando ser insolidarios.


-que muchos viven desconectados de si mismos y del resto y que se comportan como si nada hubiera pasado, y se van a la playa, a la sierra, como si la vida siguiera igual. Probablemente minimizando el riesgo y las consecuencias. Que siempre hay gente autista que no quiere enterarse de nada y que cree que sabe todo.


-que pensemos en el valor de lo público, de la sanidad pública, de la educación publica, en un mundo donde no todos somos iguales ni vivimos lo mismo y que cuando hay una emergencia se reclama a lo publico cuando mientras tanto se habían fugado muchos de ella y ahora la reclaman.


-la importancia del personal sanitario y su dedicación. Como de otros colectivos (taxistas, hosteleros, estudiantes, etc).


-Que hay colectivos de los que nadie se acuerda: las empleadas domesticas, los repartidores de uber, etc.


-lo desigual repartido que está todo esto y cómo muchos saldrán de este momento totalmente hundidos y otros habiéndose lucrado incluso, y otros igual. Pero que para muchos es la ruina de sus vidas.


-que el mundo sería posible a través de las nuevas tecnologías? Qué gran valor para algunas cosas, para compaginar pero que qué triste sin contactos? Cómo se pone en valor la importancia del contacto físico. Cómo echamos de menos a los amigos, la familia, los vecinos, la gente en la calle, etc. el bulle de las calles.


-que cada país según su idiosincrasia aborda el tema de manera distinta. Que el sur es diferente. Que la gente desde sus casas sale a la ventana a amenizar y confraternizar con sus vecinos como en Italia y a cantar el himno de Italia, que hay jóvenes que se prestan a ayudar a sus vecinos con los niños, los mayores, la compra, las medicinas, las tareas escolares, que hay países más estrictos y disciplinados y otros menos, etc.



Marta Domínguez Pérez es profesora de sociología en la Universidad Complutense de Madrid.


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